Si vives con diabetes, quizás lo ves como un detalle menor: un par de zapatos que “apretan un poco”, una plantilla que roza o un calzado cómodo que simplemente “no es perfecto”. Pero para quien tiene diabetes, cada paso cuenta… y ese zapato incómodo puede ser el detalle que desencadene una herida que no cicatriza. Como cirujano especializado en pie diabético y manejo avanzado de heridas, lo explico así: elegir el calzado adecuado no es solo cuestión de comodidad, es parte esencial de la prevención.
¿Por qué el calzado importa tanto?
La combinación de neuropatía, mala circulación periférica y alteraciones del tejido en personas con diabetes hace que el pie sea mucho más vulnerable. Una revisión completa señala que “la elección de zapatos es importante porque afecta la circulación sanguínea y los impulsos nerviosos” en personas con úlceras del pie diabético.
Estudios también muestran que un calzado inapropiado —y caminar descalzo— eleva el riesgo de úlcera.
¿Qué buscar en un buen zapato si tienes diabetes?
- Horma amplia y profundidad adecuada: debe permitir que los dedos se muevan sin roce. Una investigación reciente sugiere que “se debe hacer de cuero suave o material tipo lienzo sin costuras voluminosas”.
- Suela antideslizante y estable: para evitar caídas y redistribuir la presión plantar.
- Interior sin costuras que rocen y plantilla acolchada: para reducir puntos de presión y prevenir lesiones repetitivas. Un estudio concluye que “plantillas y calzado diseñados reducen la presión plantar en el pie diabético neuropático”.
- Buen ajuste y cierre firme: cordones o velcro ajustable, evitando sandalias u open-back que dejan el talón expuesto. Algunos datos indican que gran parte de los pacientes con diabetes usan zapatos no recomendados, en particular sandalias, lo que aumenta riesgo.
¿Qué debes evitar a toda costa?
- Sandalias abiertas, pantuflas, chancletas: no controlan la presión ni protegen el talón y la planta.
- Zapatos nuevos sin probar: pueden generar ampollas, rozaduras o puntos de presión desconocidos.
- Zapatos con materiales duros, costuras internas sobresalientes, tacón alto o suela rígida: todos éstos pueden aumentar la tensión en áreas vulnerables del pie.
- Ignorar que cambió tu pie: la diabetes puede alterar la forma del pie (como en el pie de Charcot), y usar un calzado estándar sin ajuste personalizado puede generar zonas de carga excesiva. Estudios sobre calzado terapéutico resaltan que aunque la evidencia no es 100 % concluyente, “el calzado terapéutico es considerado una intervención importante en la prevención de la re-ulceración”.
¿Y los calcetines? También importan.
No subestimes los calcetines: deben ser sin costuras gruesas, de algodón o material transpirable, sin elásticos que aprieten el tobillo. Un artículo nos recuerda que “un calcetín adecuado reduce puntos calientes, sudoración y riesgo de lesiones ocultas”.
En resumen
En personas con diabetes, un zapato mal escogido no es un simple lujo. Puede marcar la diferencia entre una caminata segura… y una herida que evoluciona. Como especialista, mi misión es ayudarte a prevenir infecciones, úlceras y complicaciones mayores. Cada paso cuenta.